Como es sabido la oposición ha activado, o está en esa labor, todos los medios para deponer al actual gobierno de forma constitucional ante las cuales, la más eficaz en mi opinión es enmienda, ya anulada por una suerte de control preventivo de la constitucionalidad que está ejerciendo el Tribunal Supremo. Pues bien, entre los medios conocemos que se han planteado 3 y todos ellos muy válidos pero ¿serán eficaces?
El Referéndum parece ser el menos útil y el que más costos implica de la operación. En primer lugar porque al tener este mecanismo una importante laguna legal el Poder Electoral tiene una amplia potestad administrativa para llenar esos vacíos y tal situación no conviene por obvios motivos, No obstante, la AN remediaría tal incumbencia con una ley orgánica de referendos. Aún así, nos enfrenta a viejos problemas como las famosas listas Maisanta y Tascón y en tercer lugar porque ya los ciudadanos habilitamos a nuestros representantes para que actúen y teniendo tan reciente la elección parlamentaria y, habiendo sido sus resultados los que fueron, intentar una vía más convencional para producir un cambio de gobierno es más que legitimo, es imperativo; porque esta fue la oferta política que ganó más escaños. En el futuro y aprovechando la experiencia venezolana, tan lamentable, la activación de éste mecanismo debería tener lugar por órgano de la AN y no por nuestras firmas. Hay una razón fundamental para preferir la acción política representativa que la participativa. Los políticos están revestidos al menos en teoría de ciertos fueros que les hacen menos susceptibles de ser dañados por el poder, en cambio los ciudadanos no. (p.ej. un legislador no pierde su empleo de tal por oponerse al gobierno, muchos menos si ese es su trabajo por pertenecer a la oposición, o sea, un representado correría peor suerte que su representante).
La Enmienda, que es la más eficaz de todas, como también podría serlo una Constituyente acortaría el mandato ex tunc ficción jurídica útil de larga data en el derecho cuyo desconocimiento sin precedentes sólo es conveniente para la causa oficial, La enmienda no sólo solventaría una cuestión coyuntural sino que trascendería y legaría a la posteridad la eliminación de la nefasta reelección indefinida y de un mandato presidencial absurdamente largo. Dicha figura requiere de referendo vinculante y nos convocaría a nuevas elecciones prontamente, que a diferencia del revocatorio, que produciría un interinato al cual está llamado llenar el Vicepresidente, borraría de inmediato todo vestigio del viejo gobierno (lamentablemente de los cargos porque las consecuencias las padeceremos unos años más incluso después de su fin).
Finalmente quedan las dos últimas opciones descartadas a demás por evidentes razones. La renuncia y el juicio político. Sobre la primera, sea dicho que a todos los poderosos los renuncian y tal circunstancia no sucederá porque tamaña proeza política a veces no tiene lugar en los sistemas políticos más reputados y eficaces y sobretodo porque los tiranuelos totalitarios eliminan todo contrapeso interno, por otra parte. El juicio político tampoco es factible porque el TSJ no está equilibrado, no hay contrapesos y sus resoluciones terminan beneficiando al gobierno.
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