lunes, 25 de abril de 2016

Más libres, ¿Según Quién?

Por libertad no podemos entender un concepto unívoco. Años de filosofía han devenido en una variedad de corrientes y escuelas muy valiosas. Pero lo cierto es que la libertad es un concepto que encierra apreciaciones positivas y motiva en la gente sentimientos cercanos a ideas moralmente buenas. Por eso, ningún político le invitará a cuestionarla, por el contrario: él le propondrá una oferta política que, de elegirle, le garantice que usted será más libre.

Usualmente hay dos conceptos de libertad: uno negativo, que está enfocado en negarle poderes y competencias al gobierno, y su antítesis, o sea la libertad positiva, que le dejará al gobierno obrar ampliamente para que usted sea “más libre” porque, dicen, le dará beneficios que además tildan de “sociales”.

Pues bien, en este pequeño escrito propongo demostrarle al lector por qué debe rehusar la segunda opción. Asentir ser “más libre”, según la fórmula propuesta por las socialdemocracias, implica dejar que los burócratas limiten el ejercicio de la libertad, porque en primer término se meterán con su propiedad, subirán los impuestos y ello implicará la sustracción de aquello que usted o los otros tengan, para dar beneficios “sociales”.

Yo pongo esto en duda, porque lo cierto es que los beneficiarios son personas físicas, reales y concretas, mientras que la sociedad sólo es el conjunto de relaciones e interacciones entre los individuos, o sea, que ésta (la sociedad) es una consecuencia de que los individuos pacten, negocien y se asocien. Por lo que, los beneficios no son sociales sino individuales, o más bien, anti-individuales porque en nombre de la colectividad se acometerá una resta muy profunda en los ingresos de otros individuos.

Los que más paguen no serán más libres, y si usted queda entre los beneficiarios tampoco saldrá bien librado. Podrá gozar de ciertos servicios y ser libre de esa factura, pero note que los demás impuestos crecerán, incluyendo los indirectos, y todo ello no será más que para recibir un servicio de mala calidad y susceptible a ser diezmado en su eficacia por la corrupción. Asimismo, cuando el estado dé rienda suelta a su carrera monopolizadora para protegerle a usted y ofrecerle un servicio módico, tampoco se asombre cuando note que ya no puede elegir entre precios, ofertas y varios productos.

En conclusión, para ser libres, verdaderamente libres, hay que rechazar la oferta supuestamente liberadora del estatismo, porque liberadora sí es, pero de responsabilidades, y como tal, sólo crea irresponsables.


Artículo publicado inicialmente por Eslibertad  el 6 de Abril de 2016

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