lunes, 18 de julio de 2016

Réquiem por Aníbal Chávez

Hoy ha muerto el hermano del tiranuelo Hugo Chávez, quien sojuzgó al país bajo un férreo totalitarismo que aún padecemos. Naturalmente, habrá quien lamente el fallecimiento, desde luego que, no lo celebraré, pero si aprovecharé la ocasión para decir una que otra cosa sobre la vida humana y la valía que le damos. Hubo quien dijo cuando murió Hugo Chávez que al tratarse de un ser humano, toda muestra de desdén hacia ese acontecimiento era una muestra de maldad. Pero, debo apuntar que quien careció de tal, o sea de humanidad, no puede sino, recibir una despedida desdeñosa o incluso festiva. En mi opinión Chávez fue un déspota que cosificó a muchos venezolanos, manipulándoles; a unos, los sobornó comprándoles, y por lo tanto, corrompiéndoles; a otros, les confiscó su propiedad y trabajo, véase el caso de Franklin Brito, muerte que sí lamenté, y prácticamente a todos los venezolanos nos entregó a sus colegas, los delincuentes, que han arrebatado tantas vidas, como las de los hermanos Faddoul.

Cuando murió el Comandante, orador tan elocuente, como bruto y malévolo. Insistí en la capital necesidad de celebrarlo, y ante quienes intentaron persuadirme de lo contrario, por humanidad, principios, decencia y largo etc. les respondía: Pero, Mengano, tú no crees que nadie sintió, aunque sea, alivio al saber que Hitler se había suicidado. Muchos y bien documentados son los registros que prueban que hubo venezolanos que celebraron  la muerte del Bagre, Juan Vicente Gómez, El Dictador. 

Suelo reprocharme esa actitud que asumí porque ciertamente en nada contribuyó a explicar mi idea,  pero ahora puestas las cosas en orden, creo  que la vida de alguien es ignorada, admirada, celebrada o festejada, o debe serlo, en la medida de su utilidad, y por juzgar la utilidad de "el legado" que lo ha sido, se puede concluir que la desaparición física de un ególatra que tejió la destrucción de un país, ese es legado, para perpetuarse en el poder, por el sólo poder, no puede sino ser tenida en cuenta para reseñar los límites de "humanidad" de algunos seres humanos. Esos sólo deben estar allí para que sea dicho: ahí yace quien sólo vivió para alimentar sus manías narcisistas, egocéntricas e idolátricas de sí mismo.

A todas estas, la intrascendencia política y personal del deudo me hicieron olvidar que esta composición no iba dirigida al primer muerto de la prole que lastimosamente la señora, ahora copetuda, Elena Frías de Chávez, arrojó sobre la faz, quien por cierto se quejó de las pocas atenciones prestadas por el gobierno a su hijo, ¡Que deshonrada! sino a Aníbal Chávez, Q.E.P.D.